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XIX Domingo del Tiempo Ordinario

Actualizado: 12 ago 2023

Homilía 13 de agosto

1 Reyes: 19, 9. 11-13./Salmo 84/Romanos 9, 1-5/Mateo 14, 22-33.


"Inmediatamente nos tiende la mano"


El hombre, a través de los años, ha encontrado la manera de especializar cada vez más la técnica de navegar sobre las aguas, así pues, vemos que ha conseguido la invención de distintos medios de transporte marítimos. Hoy en día existen yates, lanchas, barcos, submarinos, etc.


Una gran mayoría de nosotros hemos experimentado el navegar en las aguas, quizá alguna vez hemos ido de pesca, algún paseo turístico o, incluso, hemos navegado con la finalidad de trasladarnos de un lugar a otro como simple medio de trasporte. El navegar es una experiencia muy peculiar, porque podemos sentir la seguridad de pisar dentro del bote, lo que nos permite no hundirnos y desplazarnos con facilidad; sin embargo, también podemos experimentar la inestabilidad que las olas ocasionan en el rumbo del bote, la manera en que éste se tambalea y rebota en el agua. Siempre zarpamos con cierta seguridad de que el bote nos permitirá trasladarnos y lograr nuestro cometido, que volveremos a pisar tierra firme.

Los discípulos zarparon con la confianza de que llegarían a la otra orilla para encontrarse con Jesús; sin embargo, cuando estos ya distan de tierra las olas los sacudían porque el viento era contrario. Algunos de los discípulos eran navegantes expertos, la naturaleza les azota con gran fuerza, poniendo su seguridad en el bote en crisis y, tratando de luchar contra la tormenta para mantenerse a salvo.


Este relato de la comunidad mateana nos hace ver que este grupo de seguidores de Jesús se encontraba en una situación complicada, así lo refleja con esta tormenta en la que las fuerzas y seguridades de la comunidad se ponen a prueba. Esto puede sucedernos también a nosotros al navegar en nuestra caminar cristiano; en ocasiones tenemos seguridades porque las cosas van bien, quizá estoy gozando de una buena salud, estabilidad económica, familiar, etc.; pero cuando llega la tormenta es cuando nuestra seguridad se pone a prueba.


Los discípulos pues, en este contexto de inseguridad y de tormenta, verán a Jesús que fue hacia ellos, pero lo confundirán, pues dirán: “¡es un fantasma!”. En la inmensidad de este mundo nosotros podemos confundir al Señor, así como los discípulos lo confunden en la inmensidad de las aguas hablando desde un sentido metafórico. Vivimos en una sociedad que nos invita a poner nuestra seguridad en los fantasmas (imágenes irreales o ideas creadas por la imaginación); a través de experiencias de vida; hoy en día el marketing y las redes sociales nos ofrecen -experiencias de sexo, gastronomía, comunicación, consumo cultural, que van conformando un estilo de vida- pues nos damos cuenta de que vivimos inmersos en un consumismo que nos vende experiencias que nos dan seguridades momentáneas, nos venden fantasmas.


Hoy, el mundo en el que vivimos nos ofrece mucho y a la vez nada, pues el cargar con las adversidades humanas de cada día se le suma un mundo fantasmagórico que nos vende la idea de seguridades que son falsas. El Señor nos dice en esta tormenta como a los discípulos “Tranquilícense, no teman. Soy yo”. El apóstol Pedro reconoce que el Señor no es un fantasma e intentando dejar la poca seguridad del bote le dice al Señor: “si eres tú, mándame ir a ti caminado sobre el agua”, es decir caminando por encima de la inmensidad de este mundo y sus falsas seguridades.

En ocasiones comenzamos a confiar en el Señor, solemos empezar una relación con él, acudimos a la Eucaristía, hacemos nuestra oración, tratamos de vivir una vida congruente, sin embargo, cuando las cosas se ponen complicadas nuestra confianza en él se pone a prueba, y nuestra relación que habíamos ido fortaleciendo se hunde, como le sucedió al apóstol: Pedro al sentir la fuerza del viento le entró miedo y comenzó a hundirse. Pedro encarna el día de hoy lo débiles que somos cuando nuestra fe en Dios es puesta a prueba, nuestra humanidad es muy frágil y comúnmente nos hundimos y ponemos nuestra confianza en algunos fantasmas, que lo único que hacen es que permanezcamos hundidos.


¿Cuántas veces nos hemos hundido? ¿hoy lo estamos? ¿Con quienes lo estamos? Hoy como sociedad también podemos permanecer hundidos en una tormentosa situación política y de inseguridad, de violencia y de injusticia; y juntos gritamos “¡Sálvame Señor!”. En una situación de tanta desconfianza y sin sentido, Dios quiere que lo dejemos actuar, pues como a Pedro hoy el Señor Inmediatamente le [nos] tiende la mano, nos sostiene, nos pide que no dudemos y tengamos fe en él.


Confiar en el Señor es entonces subir a la barca y dejar que él tome el timón de nuestra vida; navegar con él, aunque la tormenta se aproxime y, en ocasiones nos haga batallar, así como lucharon los discípulos con el mal clima, con fe podremos decir que el viento se calmó. Confiar en el Señor significa dejarlo actuar en nosotros y en nuestra realidad y, aunque nos hundamos él estará ahí para sacarnos; una vez pasada la tormenta podremos reconocerlo en el murmullo de una brisa suave y tenerlo siempre como compañero de camino.


Busquemos pues nuestras seguridades en el Señor y, aunque caigamos de la barca, él vendrá hacia nosotros y diremos muéstranos, Señor, tu misericordia y con confianza sabremos que no tendremos que temer porque él nos repetirá “¡no teman, soy yo!”.



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1 Comment

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Guest
Aug 20, 2023
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En ocasiones la tormenta la generamos en nuestro interior, con esas heridas que aún no le entregamos, para que pueda realizar su poder transformador...esas experiencias vívidas, donde creímos que no contamos con su presencia, y luego nos damos cuenta, que siempre estuvo ahí, que incluso pudo llegar a ser peor, de no ser por su gracia... tú texto, hoy me hizo recordar esas tormentas, que me ha ayudado a afrontar.

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